Cualquier acto de violencia en contra
de población civil, empleado para infundir
terror en un pueblo y coaccionar las políticas
de sus dirigentes; se denomina terrorismo.
Aun cuando las Naciones Unidas no
han unificado una definición precisa del concepto terrorismo,
sea cual sea su definición, sus consecuencias
son incalculables para la sociedad.
Los actos realizados en Londres y
Madrid han generado una unión solidaria entre
sus ciudadanos, movidos por las tragedias y el dolor
de las victimas.
Tanto a nivel nacional como internacional.
Pero nos preguntamos, ¿Qué pasa en
Colombia? Nos afectan las imágenes en la televisión
de transeúntes heridos y personas buscando
familiares desaparecidos, cuando en realidad venimos
viviendo esta situación por incontables años.
Aun mas, se ha vuelto tan normal
que hasta los mismos autores de atrocidades como
asesinatos, violencia,
ataques a poblaciones remotas, collares-bomba, carros-bomba,
caballos-bomba y cualquier combinación de
la palabra bomba; sin nombrar el peor de todos, el
secuestro, y quien sabe que otras atrocidades; se
solidaricen con victimas inglesas de un acto terrorista,
cuando las FARC han elevado a la infinita potencia
estas acciones en su propia patria, contra sus propios
compatriotas. Y luego tildar de terroristas a los
dirigentes de Inglaterra, Estados Unidos y Colombia.
¿En que piensan? Con que autoridad moral
pueden solidarizarse con victimas de actos incomprensibles,
si son ellos autores de peores barbaridades en su
propio país.
Cualquier acción en contra de población
civil es deplorable, mucho más si es llevada
a cabo en nuestro territorio. Es insoportable, que
autores de hechos iguales o peores traten de solidarizarse
con victimas distantes con un grado altísimo
de cinismo en nuestra opinión.
Difícilmente llegaremos a definir terrorismo,
sea con motivos, religiosos, políticos o económicos;
pero no queremos vivir más sus consecuencias.
Editorial Ambito Nacional